Todos venimos a esta Tierra con múltiples propósitos: vivir experiencias, aprender, construir, amar, ayudar, etc. Gracias a vivir como humanos, aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos y a sacar lo mejor que llevamos dentro (amor, fortaleza, solidaridad, alegría, etc.).
Pero este camino espiritual de despertar, también nos obliga a enfrentarnos a miedos y monstruos. A veces «nuestros enemigos» pueden ser las otras personas, pero la mayoría de la veces nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
EL CENSOR INTERNO
La mayoría de nosotros llevamos dentro un censor, que continuamente nos mantiene en tensión para evitar que actuemos precipitadamente y sin pensar, con el fin de evitar hacer daño a otros y de equivocarnos.
Obviamente en un mundo en el que compartimos espacio con otros seres vivos, esto es necesario. Sin embargo, ¿cuántas veces has dejado de hacer algo que realmente deseabas? Ahí es cuando el censor empieza a resultar un problema.
A veces nos inhibe tanto, que llega un momento en que nos resulta imposible poder ser espontáneos. Además esta parte controladora, también nos lleva al autorreproche y a la autocritica, aspectos que aunque parezcan buenos, generan mucha tristeza y malestar.
Si no aprendemos a lidiar con esta parte tan restrictiva y seria, terminamos distanciándonos de la alegría de vivir. La vida empieza a pesar y dejamos de ver la belleza que existe en nosotros, ya que para este censor todo es mejorable.
Poco a poco, nuestra luz interior se hace pequeñita.
SOMOS LUZ
La buena noticia es que nunca podemos perder aquello que nos pertenece.
Estamos hechos de amor. Esa es nuestra esencia. Un amor puro, brillante y vibrante. Un amor que nos permite construir infinidad de cosas, amar a los demás y disfrutar de una existencia maravillosa, plena y aventurera.
Así que ya lo sabes: eres un ángel en la Tierra.
